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concepto de dinero

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Diccionario

17-03-2018

Es conveniente leer el artículo historia del dinero, porque su contenido es una buena introducción al tema del presente. También conviene repasar el concepto unidad de cuenta. La discusión sobre el dinero es ya antigua, aunque los aspectos sometidos a debate no cuestionan las finalidades de éste, sus funciones. Aquí vamos a sintetizar, tarea muy difícil y posiblemente no satisfactoriamente resuelta, ideas vertidas a lo largo de los siglos sobre el dinero por emimentes economistas, sociólogos y filósofos (Aristóteles, Nicolás Oresme; los escolásticos, especialmente los españoles, entre ellos Luis de Molina y Juan de Lugo, Martín de Azpilcueta; Adam Smith, David Ricardo, James Mill, Joan Stuart Mill, Karl Marx, Leon Walras, Ludwig von Mises, Irving Fisher, E. von BöhmBawerk, Knut Wicksell, Friedrich A. Hayek, Georg F. Knapp, J.M. Keynes, Luis Olariaga, W. Weber, Alfred Marshall, James Tobin, J.R. Hicks, D.H. Roberston, J.A. Schumpeter, P.A. Samuelson, J.K. Galbraith, Milton Friedman, Don Patinkin, L.R. Klein, T.J. Sargent, Neil Wallace, Vittorio Mathieu, y otros muchos que sería interminable citar).

concepto de dinero

Si nos detenemos a pensar qué es el dinero la cuestión se complica porque al final la contestación correcta es que el dinero no es nada aprehensible, no es materia, no es algo identificable universal e intemporalmente, es un símbolo, pero un símbolo cuantificable, es decir, un símbolo del que podemos apreciar si es mucho o es poco. Durante mucho tiempo para la mayoría de los seres humanos, y aun hoy todavía, el dinero se identifica con la moneda. Sin embargo, bien sabemos que el dinero hoy adopta múltiples formas y que incluso el dinero surge de la nada, del pensamiento humano, de la creación humana, adopta nuevas formas, cada vez más sutiles. Pero además, en lo esencial el dinero movilizado pone de manifiesto contradicciones lógicas. Así el uso del dinero no implica consumo de dinero. El uso de cualquier bien, implica la utilización del bien y la desaparición más deprisa o más lenta de ese bien. El dinero se usa cuando uno se desprende de él, cuando lo transfiere, pero el que lo recibe tampoco lo consume. El uso de las demás cosas no es posible si nos desprendemos de ellas. Cabe una utilización del dinero más sofisticada, consistente en que el conocimiento de que alguien posee dinero, permite que ese alguien disponga de crédito y éste sería un uso del dinero que no precisa que se prescinda del mismo. El dinero es así una garantía.

El dinero es algo que se aprecia, pero de lo que nos desprendemos. No obstante, la actitud ante el dinero no es la misma en todos los seres humanos y hace que estos se dividan universalmente en tres prototipos, los que ahorran dinero, los que usan el dinero ahorrado por otros y, finalmente, los que usan todo el dinero que consiguen sin tomar de los demás ahorros. Pero los seres humanos normales no están permanentemente situados en uno de los grupos mencionados. Por otra parte, el ahorro desmesurado, con extremo sacrificio en el uso del dinero, identifica al avaro, en tanto que el uso desmedido e irracional del dinero identifica al pródigo. Luego vemos que el dinero permite distinguir comportamientos racionales y mesurados por parte de los seres humanos.

Las funciones esenciales del dinero ya fueron identificadas por Aristóteles, pero integrando en él la unidad de cuenta y la moneda como un todo indivisible e indistinguible: a) el dinero sirve para la realización de los intercambios de bienes y servicios; b) el dinero es una unidad de valor; c) el dinero sirve como reserva de valor. Pero Aristóteles rechazaba la relación del dinero con el tiempo y por eso no justificaba el interés, porque "el tiempo no se puede comprar". Hoy es evidente que el dinero tiene una función de trasladar valor en el tiempo y también la de trasladar valor en el espacio. La cuestión es si el dinero puede identificarse con moneda, si puede identificarse con unidad de cuenta o si es "algo" distinto. Es posible que el dinero para algunas funciones necesariamente deba asociarse con la moneda y para otras con una unidad de cuenta que no necesariamente se derive de una moneda, pero no es ni una ni otra.

En la función de medio de cambio el dinero puede adoptar cualquier forma, puede servir como dinero cualquier mercancía, pero la experiencia del pasado dice que se tiende a la especialización rápidamente y que una mercancía sirve como dinero mejor que otra, porque con ella los intercambios se realizan más fácilmente. Es entonces cuando surge el dinero físico como medio de cambio, y como el hombre llega, por un razonamiento más sofisticado a crear una mercancíasímbolo, la moneda, para mejor realizar el intercambio. Pero la necesidad de la moneda como forma del dinero para poder realizar los intercambios empieza a quedar superada, como veremos más adelante.

Si el dinero se confunde con moneda, es fácil concluir que el dinero se utiliza como unidad de valor y sirve para medir el valor de los bienes, hechos, actividades económicas e incluso sociales. Más todavía, también mide el dinero los fenómenos naturales que tienen repercusión sobre los hombres, sus bienes y sus actividades. Sin embargo, si separamos el concepto del dinero y lo consideramos en abstracto, sin conexión con la moneda, es evidente que podemos seguir manteniendo que el dinero sigue midiendo el valor. Lo que sucede es que ahora, sin la moneda, el dinero necesita para poder medir el valor, de una unidad de cuenta, que puede ser imaginaria y que los que la usan identifiquen con igual porción de dinero. Así, una cantidad de dinero mide cualquier valor de cualquier clase.

Es la función del dinero como reserva de valor, a lo que muchos llaman capital impropiamente, puesto que sólo es una de las formas que tiene el capital y la que precisamente sirve para cuantificar el valor de las demás formas de capital y para movilizarlo, un descubrimiento de la inteligencia humana para facilitar su existencia y prevenir el futuro. Las formas de acumulación material de bienes es compartida por el hombre con algunas otras especies, si bien en el hombre el ejercicio de acumulación es consciente y racional de manera significativa, y no exclusivamente instintiva como en los animales, pero sólo el hombre acumula valor en estado puro, esto es dinero. Esta función de acumulación de riqueza del dinero, es una función ligada al tiempo, puesto que si no transcurre tiempo el dinero no existe, en tanto el dinero no se usa, existe el dinero para quien lo posee, y esto sucede en el transcurrir del tiempo. Por consiguiente, el dinero traslada el valor en estado puro de un tiempo a otro. Pero esta función está conectada a las demás y hace posible utilizar el valor acumulado de múltiples formas y en múltiples o en un único momento del futuro. La función de acumulación de valor implica confianza en otros y está ligada necesariamente con el crédito y con la actividad bancaria y esto desde el momento en que surgió el dinero. La función de acumulación de valor del dinero se realiza a través de la moneda, esto es el atesoramiento de moneda, o bien a través del registro del valor en cualquier soporte, pero la condición para que siga siendo dinero es que la disposición y el destino de ese valor esté sólamente sujeto a la decisión de su titular, luego los registros deben ser de dinero disponible a la vista. Cualquier otra forma se aleja del dinero, pero algunas, por su facilidad de transformación reciben el nombre de cuasidinero, como son los depósitos de ahorro a plazo. Hace ya milenios que el simple atesoramiento de la moneda no se considera satisfactorio para la acumulación de valor, el dinero, cualquiera que sea la forma que adopte, puede producir en el tiempo mediante la entrega del mismo a otro, en tanto que se conserve la posiblidad de rescatarlo. Así surge el préstamo y el interés (véanse los artículos dedicados a la teoría del interés).

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Pero la función de acumulación de valor no sólo se combina con el tiempo sino que se combina con el espacio. Es decir, el dinero permite trasladar valor de un sitio a otro. Esto era evidente desde que apareció la moneda, pero implícitamente se encontraba en cualquier registro, fuera una tablilla, una carta, un mandato, por la que se mandara entregar a una persona dinero que había dejado en manos del ordenante. Este se hacía cargo de un dinero que quedaba con él, pero mandaba a otro que entregara una cantidad de dinero igual, en otro lugar a quien se lo había cedido o a un tercero por su cuenta. Este fue el origen del cambio trayecticio y de la transferencia. Hoy día con técnica más sofisticada el dinero es transportado mediante múltiples formas de registro, desde soporte de papel a transmisiones vía satélite.

El dinero facilita el intercambio y hoy conocemos las técnicas de trueque en el comercio internacional, bilaterales, trilaterales o multilaterales y para grandes volúmenes, en las que se utiliza por supuesto el dinero, pero no como medio de pago sino para facilitar el intercambio. Pero evidentemente el dinero es un medio de pago, precisamente por ser un estado puro de valor (capital líquido, riqueza líquida), por lo que no sólo sirve para realizar intercambios, sino que se utiliza para pagar con un valor líquido, abstracto, un bien o servicio real o financiero. La función del dinero como medio de pago es en principio una cuestión de confianza de parte del que lo recibe. Sólo lo acepta contra bienes y servicios en tanto en cuanto crea que ese dinero es una cantidad de valor del que puede disponer en el futuro. Luego en esta función de medio de pago el dinero necesita de un respaldo legal, una autoridad tiene que determinar la cualidad de medio de pago de determinada forma de dinero, asociada a una unidad monetaria o unidad de cuenta específica. Es indiferente cualquiera que sea el soporte del dinero, sea moneda, sea un registro contable, sea un título de disposición, como por ejemplo el cheque. Ahora bien, aquí se incorporan al factor confianza la calidad del soporte. Si se trata de moneda de curso legal, sea metálico o billetes, la confianza se reduce a la identificación de que los billetes o monedas sean auténticas. Si se trata de registros contables, que éstos sean realizados a través de entidades autorizadas a realizar transferencias de dinero, es decir de entidades bancarias, y si se trata de órdenes de pago contra fondos disponibles, además, de la confianza en la existencia de tales fondos. El pago tiene como origen una deuda, sea nacida simultáneamente al pago, como consecuencia de que éste se realice al contado, o bien de una deuda nacida en tiempo pasado con origen en un crédito de dinero o de bienes o servicios. El pago en dinero está perfectamente regulado (véanse los artículos sobre el mismo), pero la regulación jurídica puede que designe como dinero sólo algunas formas del mismo.

El soporte físico del dinero, como el de formas concretas de representación de valor, por ejemplo los títulos representativos de capital en las empresas o de deudas públicas o privadas, no se aprecia hoy tan indispensable en que las anotaciones en cuenta no sólo sirven para registrar el dinero efectivo sino para otras representaciones de valor, aunque en definitiva son dinero. Sin embargo, la representación del dinero por medio de anotaciones es tan antigua como los banqueros y como la confianza en el ámbito del comercio. Las tablillas de barro con anotaciones de depósitos y la tarja son formas primitivas de registrar cantidades de dinero. Las diferentes formas que a lo largo de los siglos han adoptado las órdenes de pago son soportes de dinero, en muchos casos, y como tal los han tratado y siguen tratando en sus registros los bancos. Ha sido objeto de comentario cómo el cheque bancario ha estado sirviendo en los últimos tiempos como medio de conservar dinero al abrigo de cargas fiscales. Pero si alguien ha supuesto que las formas de conservar dinero ya están inventadas en su totalidad cometerá un grave error. En otros artículos el lector puede examinar los aspectos sobre el dinero "de plástico" y el dinero "electrónico".

En el concepto universal del dinero se mantiene el principio nominalista en el ámbito jurídico, es decir la unidad monetaria y de cuenta definida como unidad de medida de las cantidades de dinero para toda clase de tráfico económico y financiero por un Estado, es por principio inamovible en su valor en el tiempo y el espacio, de forma que una peseta de 1950 en términos jurídicos tiene el mismo valor en 1990 si en este espacio de tiempo el propio Estado no ha dispuesto el cambio de valor sobre la misma unidad. Es, por ejemplo, el caso del franco francés, que en 1960 se autodevaluó por el Gobierno, estableciendo el nuevo franco cuyo valor era equivalente a cien francos anteriores. La conclusión es que todos los billetes y monedas, los depósitos, las deudas, todos los contratos, todos los patrimonios, bienes, multas, penas, etc. expresadas y cifradas en francos antes del día 1º de enero de 1960 se convertían automáticamente a cantidades cien veces menores expresadas en francos nuevos. El principio nominalista jurídico choca frontalmente con la realidad económica, pero no ha podido encontrarse una solución en el mundo a este formidable defecto, cuyo origen está en el abuso de poder y en la dificultad de determinar la cantidad de dinero que precisa una comunidad en cada momento. En los países con hiperinflación la consecuencia es que con frecuencia hay que realizar una reconversión de la unidad monetaria.

El principio nominalista, se enfrenta al principio valorista en función del cual una moneda o unidad de medida de dinero tiene un valor cambiante en el tiempo y en el espacio y, por lo tanto, debe ser considerada como valor relativo y no absoluto. Es decir, que por este principio el poder adquisitivo es lo que importa, y, en consecuencia, una suma de dinero debe reconvertirse de unidad a cada instante. Naturalmente ésta es una pretensión que sólo puede tener valor teórico y sólo es correcta parcialmente, puesto que el poder adquisitivo de una unidad monetaria en que se expresan las cantidades de dinero no sólo varía por la cantidad de dinero y la velocidad con que circule, sino que también por la fluctuación de la cantidad de bienes y la variación de las necesidades de los grupos sociales, las situaciones políticas y un sinfín de causas, siendo imposible predecir y ajustar la masa de dinero necesaria para que ésta sea neutral y no influya sobre el valor de la unidad monetaria en que se expresa.

En consecuencia, podemos afirmar que el dinero tiene un punto débil muy considerable: la inflación y en consecuencia la pérdida de valor, en tanto que el soporte del dinero no es hoy día ningún material que tenga valor estable en relación con los demás. Pero todo el mundo acepta este defecto del dinero, en tanto en cuanto la inflación no sea exagerada. Es decir, la función de acumulación de riqueza del dinero es posible siempre que éste no pierda poder adquisitivo de manera exagerada. Esto es así porque como dijimos hoy no se atesora el dinero, sino que se cede a otros con objeto de que lo usen, y a cambio se recibe un interés, interés que incluye una prima estimada por recuperación de la pérdida de valor por la inflación. Cuando una unidad monetaria sufre un proceso de hiperinflación, el dinero instrumentado en dicha unidad monetaria contractualmente, se degrada y pierde todo su valor. Por consiguiente, vemos que el dinero es imposible que sea medido con una unidad constante, puesto que ésta no existe, ni siquiera incluso cuando el dinero adopta la forma física de moneda con valor intrínseco, puesto que cualquiera que sea la materia, metales nobles o mercancías de cualquier clase, están sujetas igualmente a una inestabilidad en su valor en relación con otros bienes.

 

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